lunes, 29 de febrero de 2016

La procrastinación y los modelos de negocio

Tras diez años de estudios, los científicos del PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) publicaron hace unos días un interesante informe en el que confirman que el nivel mundial del mar ha aumentado más rápido en los últimos 100 años, que lo que lo hizo en los anteriores 3.000.
 
Un aumento que, como no podía ser de otra manera, está acelerando y agravando las inundaciones en zonas costeras por todo el planeta.


Pero las malas noticias no se quedan ahí, ya que lo peor está aún por llegar. Ya que, si este aumento del nivel del mar se ha dado tras un incremento medio de las temperaturas de tan solo un grado centígrado desde el año 1.800, qué no podremos esperar si tras el acuerdo de París en diciembre pasado, en el mejor de los casos, se va a duplicar ese incremento de temperatura, llegando como mínimo a los 2ºC durante los próximos años.

Según el mencionado informe, el aumento de otro grado más en la temperatura media del planeta conllevará el incremento del nivel del mar a oscilar entre 24 y 61 centímetros, en el mejor de los casos, y entre 52 a 131 centímetros, en la peor de las estimaciones en los próximos 84 años.

Un incremento del nivel del mar que supondrá la inundación de muchas comunidades costeras, trayendo consigo una nueva crisis migratoria por el incremento de los “refugiados climáticos”. Unos refugiados que, al igual que ha sucedido ya con la tribu Biloxi-Chitimacha-Choctaw de nativos Americanos de la Isla de Jean Charles (Luisiana), tendrán que buscar un nuevo hogar cuando el mar inunde sus tierras.

Así pues, como dijo ayer el actor Leonardo DiCaprio al recoger su premio Oscar al mejor actor, ya es hora de dejar de procrastinar y empezar a trabajar de verdad todos conjuntamente para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. 

Este cambio de mentalidad incluye a las organizaciones, ya que debemos aceptar que el cambio climático afecta a toda actividad humana, como un elemento más del ecosistema global. Por lo que las organizaciones y la sociedad en general deberemos cambiar nuestro modo de vida y la forma en la que aprovechamos los recursos naturales, para así mitigar los cambios esperados y adaptarnos a los mismos.

Así lo han entendido ya en la ciudad alemana de Hamburgo, donde acaban de prohibir la utilización de las cápsulas de un solo uso de café en todos los edificios gubernamentales. Unas capsulas de café que, según el Departamento de Medio Ambiente y Energía del Gobierno de Hamburgo, “Son la causa de un consumo innecesario de recursos y de generación de residuos”.

Y es que estas cápsulas no pueden ser recicladas fácilmente, ya que están hechas mayoritariamente de una mezcla de plástico y aluminio. Lo que ha llevado a su inventor “John Sylvan” a decir que a veces se siente mal por su invención.

Estas cápsulas de café son sólo un ejemplo de uno de los modelos de negocio más antiguos conocido como razor & blades o cebo y anzuelo, que basa su efectividad en el consumismo y la atracción por los bajos precios, pero que en muchas ocasiones se basa también en la alta utilización de recambios de usar y tirar.

Este modelo de negocio, como han visto en Hamburgo, es un modelo arcaico que debe dejar paso cuanto antes a aquellos basados en la producción en ciclo cerrado, buscando no solo racionalizar el uso de los materiales y recursos, sino que comportan un importante y primordial enfoque en el diseño de productos y servicios.

Y es que retrasar lo inevitable no tiene sentido y menos cuando es tanto lo que está en juego. Así que ya es hora de ponernos manos a la obra y que las organizaciones y empresas utilicen modelos de negocio sostenibles, que sean premiados por las administraciones locales y elegidos por los consumidores.

miércoles, 20 de enero de 2016

Transporte sostenible: La asignatura pendiente para el 2016.


El año 2015 será recordado por varias noticias referentes a la sostenibilidad y el medio ambiente, entre las que destacaron la COP21, el escándalo del caso Volkswagen y las alertas en muchas ciudades del mundo por contaminación atmosférica. Todas ellas con un denominador común, las emisiones de contaminantes por la quema de combustibles fósiles.

Este denominador común a raíz de cómo ha comenzado el año, unido a la tendencia a la baja del barril de petróleo, parece que seguirá siendo uno de los temas más importantes durante el 2016.

Y es que si a finales del año pasado, veíamos como Pekín decretaba por primera vez en su historia la alerta de nivel rojo por contaminación, o como la ciudad de Madrid sobrepasaba por sexto año consecutivo los niveles legales de dióxido de nitrógeno y activaba por primera vez su protocolo por contaminación atmosférica, limitando la velocidad de los vehículos en la carretera de circunvalación y el aparcamiento en el centro de la ciudad. Ya en 2016 solo han hecho falta 7 días del año para que Londres exceda los niveles legales e incumpla su propio límite legal de contaminación del aire fijado para todo este año.

Además hay que destacar que no se trata de un problema de sólo determinadas ciudades con más o menos uso de combustibles fósiles, o con mayor o menor densidad de población, sino que es algo extensible a la totalidad de la población europea y de muchas otras partes del mundo, ya que, por ejemplo, según el informe “Air Quality in Europe – 2015 Report” de la Agencia Europea de Medio Ambiente, hasta un 98% de la población europea vive en ciudades donde se superan los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud para los contaminantes atmosféricos.



Un incumplimiento de los límites que, según los datos del mismo informe, en 2012 elevó hasta 491.000 las muertes prematuras en la Unión Europea por exposición a PM2.5 (403.000 muertes), NO2 (72.000 muertes) y O3 (16.000 muertes), que para hacernos una mejor idea sobre la magnitud de la cifra, supone 17 veces más muertes que las provocadas en el mismo periodo en la UE por accidentes de tráfico (datos de la Comisión Europea).

Así pues, si además incluimos los otros no menos importantes impactos derivados de la quema de combustibles fósiles, como los de la acidificación de los ecosistemas, o el cambio climático, podríamos esperar que la necesidad de reducir las emisiones contaminantes derivadas del uso de combustibles fósiles en el trasporte, sea una de las principales preocupaciones de los políticos del mundo para el presente año. 

Y no dudo que lo será, pero al ver que aun conociendo la peligrosidad de una alta concentración de partículas PM2.5 en la atmosfera, el límite legal específico para ellas que entra en vigor este año en la Unión Europea es el doble que el existente en Estados Unidos y 2,5 veces superior al recomendado por la Organización Mundial de la Salud, no puedo dejar de preguntarme cuáles son las prioridades de algunos de nuestros políticos.

Sin embargo, no sería justo culpar únicamente a los políticos ante la falta de medidas contundentes sobre el grave problema con el que convivimos. Ya que, por poner un ejemplo, parecería lógico, tras el escándalo del pasado año, haber previsto que los consumidores dieran la espalda, al menos en el corto plazo, al Grupo Volkswagen, pero sorprendentemente las ventas mundiales del Grupo han caído durante 2015 sólo en un 2% y lo que es más sorprendente aún, en España casi dos semanas después de que la firma reconociese el sofisticado plan para ocultar las emisiones contaminantes de sus vehículos, las cifras de matriculaciones de la marca experimentaron un crecimiento del 28%. Llevándome a dos posibles conclusiones: (i) que aquellos que decían que los políticos son el reflejo de la sociedad que representan no estaban tan desencaminados, o (ii) que la población en general necesita más información veraz y fiable sobre temas relacionados con la sostenibilidad, que permita mejorar su sensibilidad y toma de decisiones antes estos hechos.

Yo me inclino a pensar que el principal problema reside en la falta de la correcta información al ciudadano para que las administraciones puedan implantar medidas a priori poco populares pero efectivas, como son las restricciones al tráfico, la disminución de la velocidad máxima o la creación de calles peatonales. Una información que unida a la implantación de medidas que fomenten el uso del trasporte sostenible por las organizaciones comiencen a dar los resultados necesarios en la lucha contra las emisiones atmosféricas contaminantes en nuestras ciudades.

Y es que, ante la creciente tendencia de muchas organizaciones de salir de los centros de las ciudades para implantarse de forma colectiva en las afueras de las mismas, se ha fomentado que los trabajadores dejen de utilizar el transporte público y se decanten por el transporte privado. Esto unido a que la tendencia del precio del petróleo, que según parece seguirá bajando durante los próximos meses, hace imperativo que se tomen medidas desde las organizaciones para ayudar a conseguir reducir la contaminación atmosférica.


Teniendo esto en cuenta, las organizaciones deberían desarrollar e implementar dentro de su política de RC, un Plan de Movilidad Sostenible, en el que deberían tener en cuenta algunas de las medidas que se ha comprobado que consiguen reducir las emisiones atmosféricas. Como son entre otras:
  • Incorporación de sistemas de transporte colectivos.
  • Subvención parcial o total de los abonos de transporte público.
  • Promocionar el uso de la bicicleta, sufragando gastos de mantenimiento, habilitando circuitos, espacios para su parking,…
  • Fomento del Carpooling y del Vanpooling.
  • Priorización de las plazas de parking para aquellos vehículos que acudan con 3 ó más trabajadores.
  • Adquisición de vehículos verdes para la movilidad del personal, como vehículos híbridos o eléctricos.
  • Impartición de cursos de conducción eficiente.
  • Etc
Medidas que, como hemos visto, junto con la correcta formación ambiental a toda la población ayudarán a disminuir la concentración de gases contaminantes en nuestras ciudades, reduciremos la huella de carbono de la organización y mejoraremos la salud y el bienestar de nuestros trabajadores.

lunes, 30 de noviembre de 2015

COP 21 y esa sensación de Deja vu



Por fin se ha terminado la espera, ayer dio comienzo la COP 21, esa que algunos se han atrevido llamar “la última gran esperanza” para resolver el problema del cambio climático. Una COP que efectivamente se nos ha presentado desde hace tiempo como la buena, la de verdad, la COP en la que vamos a resolver este problema entre todos. 

Pero por mucho que quiera ser optimista no puedo evitar dejar de tener la sensación de haber vivido esto con anterioridad.

Y es que si leemos las noticias que han ido apareciendo en los distintos medios de comunicación de un tiempo a esta parte, no es extraño que nos invada esa sensación de deja vu: Secretarios de Estado diciendo que son optimistas pero realistas y dando la sensación de querer dar más importancia a las emisiones de China y USA; China diciendo que también es optimista, pero al mismo tiempo considerando los compromisos de los países desarrollados como “Insuficientes”; el secretario de Naciones Unidas insistiendo sobre la necesidad de llegar a un acuerdo “ambicioso y vinculante”, Estados Unidos reclamando transparencia…

Ahora
es Paris, pero estas mismas declaraciones basadas en el optimismo, suenan mucho a las escuchadas antes en las pasadas COP en Lima, Varsovia, Doha, Durban o Kyoto.

Aun así como digo, por lo que conocemos hasta ahora, no soy pesimista, más bien todo lo contrario, y no porque lo sea por naturaleza, sino porque saber que Canadá, Francia, Alemania, Reino Unido, Japón, Italia y Estados Unidos van a esta nueva COP, con la intención de ser carboneutrales para 2100 y que China está apostando por un futuro basado en renovables, me hace pensar que en esta ocasión los gobiernos son conscientes de los riesgos y oportunidades del cambio climático.

Y por qué no pensarlo, sólo porque en 20 años de negociaciones de Naciones Unidas en temas del cambio climático, las emisiones globales se hayan incrementado en un 63%, o porque acabamos de ver como los gobiernos de Europa se rinden al lobby automovilístico, o porque la Comisión Europea acabe de rebajar las exigencias que los estados deberán cumplir en cuanto a reciclaje y reutilización de recursos o incluso porque el Gobierno francés haya detenido ayer domingo  a cientos de manifestantes que pedían un mayor control y compromiso contra el cambio climático… Nada de esto significa que en esta COP nos vayamos a llevar otra decepción ¿verdad?.

Y ya tengo otra vez la sensación de haberme hecho esta pregunta más veces…Eso sí, una cosa es segura, esta pregunta no nos la vamos a poder hacer durante muchos años más, bien porque se llegue al acuerdo necesario para evitar el incremento de más de 2 grados de la temperatura de la tierra, o bien porque ya no habrá marcha atrás. 

Personalmente creo o más bien espero que sea por la primera de las dos opciones, pero por si acaso, desde las organizaciones, empresas y cada uno como individuo debemos hacer llegar a nuestros responsables políticos nuestro compromiso con la reducción de los gases de efecto invernadero y exigirles que en las negociaciones de París se firme un acuerdo vinculante para la reducción global de las emisiones.

viernes, 23 de octubre de 2015

Einstein vs. Merkel



Una vez pasado un tiempo prudencial para poder observar las distintas reacciones que se han dado por parte de los agentes implicados en el caso Volkswagen, me han surgido una gran cantidad de dudas, algunas de ellas con respuesta compleja, o inexistent.

Una de estas preguntas es cómo la Unión Europea puede estar tropezando otra vez en la misma piedra. La piedra llamada diésel.

Y es que, si en el subconsciente popular se encuentra grabada la idea de que los coches diésel son menos contaminantes que los de gasolina, es porque la Unión Europea hace ya unos cuantos años, nos vendió esta idea para poder cumplir con los objetivos de emisiones de CO2 que tenían establecidos.

Era una idea fácil de creer, ya que efectivamente los coches diésel emitían (y aún emiten) menos CO2, y además algunos países como España ofrecían incentivos fiscales para la compra de coches con estos motores, argumentando esta mejora ambiental.

Pero lo que no nos contaron y mucha gente antes de todo el revuelo del caso Volkswagen, seguía sin conocer, es que en cuanto a emisiones de óxidos de nitrógeno, los modelos diésel son mucho más contaminantes que los de gasolina. Y es que, además de contribuir a la ya casi olvidada lluvia ácida, estos óxidos de nitrógeno son, según la Organización Mundial de la Salud, unos potentes carcinógenos.

Admitiendo que la UE hubiese tomado esta decisión de promover los vehículos diésel para poder reducir las emisiones de CO2, la misma podría compararse, salvando las distancias, a la decisión que llevó en los años 50 a matar a más de 40.000 elefantes en Sudafrica, para parar la desertificación.

Por si alguien no recuerda este episodio lamentable, dejadme que le refresque la memoria. Como por todos es sabido, la desertificación de algunas partes de la tierra es un problema acuciante desde hace muchos años. Y una de las zonas donde antes empezaron a sufrir este problema fue Sudafrica. Pues bien, por los años 50 el biólogo Allan Sacory era el responsable de algunos parques nacionales de Sudafrica, y entre otras tareas debía asegurar la sostenibilidad de sus ecosistemas. Tras sus investigaciones, llegó a la conclusión de que el suelo de los parques nacionales donde trabajaba no se regeneraba a tiempo, según él, por un exceso de carga animal, por lo que era necesario eliminar a más de 40.000 elefantes para asegurar el ecosistema.

El gobierno de la época confirmó sus investigaciones y se realizó la matanza. Pero desafortunadamente tras la misma se comprobó que los suelos no se recuperaban sino que se estaba deteriorando con mayor ritmo que antes. 

Como digo, al igual que Allan Sacory, estos dos casos podrían ser similares, pues podríamos pensar que la UE hubiese tomado una mala decisión movidos por un intento de conseguir un planeta más sostenible. Pero lo que de verdad movía a la UE era desequilibrar la balanza del futuro comprador de coche hacía los coches diésel, ya que la industria del automóvil europea había destinado cuantiosas inversiones a la I+D de este tipo de los motores diésel.

Y podríamos pensar también que eran otros tiempos, y que al igual que Allan Sacory aceptó su culpa y declaró que pasaría el resto de su vida intentando remediar su error, cabría esperar que tras las declaraciones del controvertido alcalde de Londres, que refiriéndose al tema de los coches diésel dijo que “Esto ha sido un gran fracaso político. A los millones de ciudadanos que compraron coches diésel se les dijo que estaban haciendo lo correcto, lo ecológico, y ahora se les acusa de ser partícipes de la contaminación”, presentando una serie de ayudas a los conductores londinenses que sustituyan su vehículo de gasóleo por otro menos contaminante, la Unión Europea iba a aceptar su parte de culpa e intentar remediar el error.

Pero no, nada más lejos de la realidad, ya que algunos de los estados miembro (Alemania, Francia, Italia y España entre otros) piensan rechazar la propuesta de la Comisión Europea para medir las emisiones de los vehículos en condiciones de conducción real y presentar unas propuestas más tolerantes con las emisiones. Ya que como dice Alemania “El motor diésel debería ser protegido”.

Y ojo, que no digo que no se deba defender a la industria automovilística. Pero hay que tener en cuenta que cuando se presentaron los límites Euro5 y anteriormente los Euro4 y Euro3, se levantaron muchas voces críticas del sector reclamando más laxitud en los límites ya que no serían capaces de alcanzarlos, y luego tras sus inversiones en I+D correspondiente siempre los alcanzaron.

Es más, ya existen marcas de automóviles que han conseguido cumplir con la norma Euro6, por lo que no creo que la Comisión Europea este pidiendo algo descabellado. Más cuando la previsión del parque de vehículos es a la alta para los próximos años.


Fuente: El observatorio Cetelem Auto 2015

Pero es que además, la Señora Merkel no debería desoír uno de los muchos consejos que nos dejó el gran Albert Einsten cuando dijo que “No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos”.

Por todo ello, el caso Volkswagen, no hace más que situarnos en la triste realidad en la que nos encontramos. Una realidad en la que aunque grandes empresas y potencias mundiales siguen hablando de la importancia de la sostenibilidad, a la hora de la verdad en muchos casos nos demuestran que en sus decisiones el componente económico anula al social y al ambiental. Todo ello con independencia de los elefantes, o personas, que tengan que sacrificar.